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En la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte. (José Saramago. Premio Nobel de Literatura 1998)


domingo, 14 de noviembre de 2010

Hawking: no hizo falta un Dios para crear el Universo

El traductor de la obra El gran diseño, David Jou, señala que las conclusiones del científico británico sobre la no existencia divina son precipitadas, ya que se basan en “teorías provisionales”.
Madrid.- El último libro del científico británico Stephen Hawking, El gran diseño, plantea que “no hace falta un Dios para la creación del Universo”, sino que surgiría de leyes físicas con distintos universos que aparecerían como fluctuaciones cuánticas espontáneas de un vacío primordial.
La mayoría de esos universos sería de tamaño microscópico y de duración inferior a la billonésima de segundo, con leyes físicas diferentes a las del Universo, dice Hawking en esta obra recién editada en castellano.
“El hecho de que nuestro Universo parezca milagrosamente ajustado en sus leyes físicas, para que pueda haber vida, no sería una demostración concluyente de que el Universo ha sido creado por Dios con la intención de que la vida exista, sino que sería resultado del azar.”
Así lo explicó el traductor de la obra, el catedrático de física de la materia condensada David Jou, de la Universidad Autónoma de Barcelona, para quien esta obra de Hawking es científicamente “apasionante”, pese a que él discrepa respecto a algunas de las conclusiones del astrofísico.
Jou opina que las conclusiones de Hawking sobre la no existencia de Dios son “precipitadas”, ya que se basan en “teorías provisionales”, y añade que la ciencia es “neutra” sobre la existencia de Dios y otros problemas metafísicos.
Hace 22 años, en su libro Breve historia del tiempo, Hawking veía en la racionalidad de las leyes cósmicas una “mente de Dios” y pensaba en un universo único regido por dicha “mente”.
Hawking cree ahora que las propias leyes físicas producen los universos, sin necesidad de que un Dios exterior a ellas “prenda fuego” a las ecuaciones y haga que sus soluciones matemáticas adquieran existencia material.
Así, aquella “mente que regía nuestro mundo” se pierde en la lejanía de esa multiplicidad cósmica, según el traductor.
Hawking admite la existencia de las ecuaciones como fundamento de la realidad, pero desestima preguntarse si tales ecuaciones podrían ser obra de un Dios que las superara y que trascendiera todos los universos.
Según Jou, si el lector toma al pie de la letra el libro de Hawking en el aspecto metafísico, en vez de creer en la existencia de Dios habría de hacerlo en “dimensiones ocultas, partículas todavía no observadas, universos no observables y teorías matemáticas muy complejas aún no corroboradas experimentalmente, y que, a su vez, serán superadas por teorías futuras”.
Así, añade el experto, el hombre, la sociedad no necesitaría creer menos ahora, sino “creer en más cosas” al menos por el momento.
Afirmó que todavía se ignora de qué está constituido 95 por ciento del contenido del Universo (formado por materia oscura y energía oscura, cuya esencia se desconoce), y por ello, parece precipitado sacar consecuencias definitivas sobre Dios a partir de las teorías actuales.
Un Dios entendido según la religión “estaría más allá del espacio y del tiempo que forman la base de las ecuaciones humanas”, advierte.
Por otro lado, Hawking dice en el inicio de su libro que “la filosofía ha muerto”, afirmación que el traductor no comparte, ya que cree que la filosofía sigue recordando que “la razón humana es más amplia que la razón científica”.
Pese a todo esto, Jou opina que las menciones de Hawking a Dios son una muestra de la pasión con que el científico ha vivido siempre la física, como un gran reto vital para encontrar lo más profundo de las raíces de la realidad.
Si Dios representa para muchos tal raíz, para Hawking lo son las ecuaciones, a cuya formulación ha dedicado tan brillantemente su vida.
EFE
Publicado en Milenio

viernes, 5 de noviembre de 2010

Coloquio Mexicano de Ateísmo 2010

"La fe NO mueve montañas, la ciencia sí"

¡Aqui está! El evento ateo más esperado del año.
Con un importante grupo de especialistas y expositores que no querrás perderte.
Asiste al Primer Coloquio de Ateísmo en México. Conoce nuestra visión de este movimiento internacional que rebasa fronteras culturales y políticas, uniendo a ateos, humanistas y otros librepensadores en una comunidad definida por nuestro compromiso con la libertad de expresión, libertad de conciencia, derechos humanos, pensamiento crítico, razonamiento lógico y ciencia.
El acontecimiento tendrá lugar en la ciudad de México y es organizado de manera conjunta por Atheist Alliance International, El podcast de Masa Crítica y Ateísmo desde México.
En un solo día se abordarán varios temas de interés para los no creyentes; Como la relación Iglesia–Estado, el papel de la religión en la educación, La teoría de la evolución y su relación con la biología moderna, la lucha contra el fundamentalismo, entre otros.
El grupo de ponentes incluye a íconos del librepensamiento, así como académicos y activistas de México y el extranjero.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

¿Cuánto saben los curas sobre el narco?

De suyo reveladores, los señalamientos sobre presuntos vínculos con el narcotráfico y el crimen organizado que dio a conocer el semanario Desde la fe, plantean una pregunta fundamental: ¿cuánto saben los sacerdotes católicos sobre el narcotráfico?
Vale el tema, porque en el caso del crimen y el narco se cumple a la perfección el refranero popular: “¡de que la perra es brava, hasta a los de casa muerde!”. ¿A qué nos referimos? A que por primera ocasión en décadas la jerarquía católica revela lo que sabía desde hace años: que amplios sectores sociales están “hasta el cuello” en el narcotráfico.... Continúa...

martes, 2 de noviembre de 2010

La asombrosa conversión de los políticos

La asombrosa conversión de los políticos

Roberto Blancarte

02-11-10

No sé si las iglesias cristianas, incluida la católica, se han vuelto últimamente chantajistas o siempre lo fueron. Pero el hecho es que cada vez más los liderazgos religiosos amenazan y quieren condicionar a los políticos de todas las tendencias, amagándolos con retirarles un apoyo popular que hipotéticamente existe aunque nadie lo ha visto. Esto es particularmente evidente en muchos países latinoamericanos. El caso más reciente es el de las pasadas elecciones en Brasil, que este domingo le dieron finalmente el triunfo a la candidata del Partido del Trabajo, Dilma Rousseff, favorita de Lula y ganadora con amplio margen (más de 12 por ciento) sobre su opositor, el ex gobernador de Sao Paulo José Serra. Cuando a la candidata Rousseff le faltaron pocos puntos porcentuales en la primera vuelta para alcanzar la victoria, algunos dirigentes evangélicos expandieron el rumor de que ellos la habían vetado, por alguna vez haberse pronunciado a favor de la despenalización del aborto. Que Dilma Rousseff lo dijo, hay testimonios, pero que esa haya sido la razón para no haber alcanzado los votos necesarios en la primera vuelta es menos fácil de probar. De cualquier manera los líderes evangélicos en cuestión lograron su propósito, pues el debate en la segunda vuelta incluyó el tema del aborto y la religiosidad de los candidatos de manera preponderante. De repente, abundaron dos cosas: por un lado los muchos testimonios que mostraban que ambos candidatos eran unos hipócritas, por ejemplo ex alumnas de la esposa de José Serra declarando que ella les había comentado haber abortado alguna vez, o las pruebas del agnosticismo temprano de Rousseff, al mismo tiempo que los candidatos se mostraban piadosos y fervorosos cristianos. Luego entraron en escena los obispos católicos, quienes hasta ese momento habían tenido un perfil más bien discreto, pues es bien sabido que las relaciones con el gobierno de Lula no eran malas: Lula mismo había firmado hace tres años un concordato con la santa sede y, a propósito del debate sobre la despenalización del aborto, había declarado que nunca haría algo en contra de las enseñanzas religiosas que había recibido de su madre. Lo cual sonaba muy bonito, pero ponía en cuestión todos los avances en materia de derechos de las mujeres, sexuales y reproductivos. Significaba que las políticas públicas del país más poderoso de Latinoamérica dependían de las convicciones religiosas de la mamá de Lula. O puesto de otra manera, que si la mamá se convertía en testigo de Jehová, Lula podría decretar la prohibición de las transfusiones de sangre en los hospitales públicos.
Eso no es todo. El 15 de octubre de 2009 el presidente Lula aprobó un decreto que establecía en el Ministerio de Derechos Humanos una coordinación general para promover los derechos de gays, lesbianas, bisexuales, travestis y transexuales. De hecho, el programa nacional de Derechos Humanos establecía la posibilidad del matrimonio entre homosexuales y su derecho a adoptar, así como la despenalización del aborto. La Conferencia Nacional de Obispos Brasileños inmediatamente criticó el programa, lo cual fue suficiente para que el presidente Lula ordenara la revisión del párrafo a favor del aborto en el programa de Derechos Humanos, elaborándose entonces un nuevo texto que hacía una defensa abstracta del aborto pero suprimiendo la referencia a la “autonomía” de las mujeres, estableciendo que la decisión privada de las mujeres para interrumpir su embarazo no era respaldada por el gobierno. Al mismo tiempo, el mencionado programa fue completamente revisado en asuntos concernientes al matrimonio entre personas del mismo sexo e incluso en una cuestión tan importante y evidentemente necesaria en un Estado laico como la eliminación de símbolos religiosos (ahora muy evidentes) en las oficinas públicas.
Nada de esto sirvió, sin embargo, para que los obispos católicos restringieran su participación en las elecciones y particularmente en la segunda vuelta. Millones de folletos condenando a la hoy presidenta electa Rousseff por estar a favor del aborto y preparados al parecer por una imprenta cercana a su contrincante Serra estaban listos para ser distribuidos cuando fueron descubiertos y aunque eso generó una polémica, no impidió que algunos obispos en efecto llamaran a votar contra quienes no estaban a favor de la vida, es decir contra la candidata del PT. Al final, hasta Ratzinger intervino abiertamente en el proceso electoral, llamando a los obispos a defender sus posiciones contra el aborto.
Así las cosas, ambos contendientes, en lugar de defender los derechos civiles y las libertades ciudadanas, cedieron al chantaje y comenzaron a mostrarse cada vez más no sólo como creyentes, sino como defensores de las causas más conservadoras, asumiendo que eso es lo que la gente quiere, lo cual es un error. La paradoja es que ni Rousseff ni Serra son verdaderamente personas con perfil religioso o conservadoras. Sin embargo, campaña electoral de por medio, ambos sintieron la necesidad de congraciarse con los líderes religiosos, en lugar de pensar en las necesidades de una sociedad plural y diversa. El chantaje religioso funcionó.
Publicado en Milenio

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